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300 PERSONAS ACAMPARON EN “EL CERRO DEL INCA” EN VIGILIA ARTÍSTICA POR EL DÍA
DEL POETA
Son las
ocho de la mañana del 14 de Abril, Yerko, tiene sobre sus espaldas dos esteras,
está solo, sin embargo tiene esperanza.
De pronto, se le
acerca el vecino Francisco Becerra, natural de Cajamarca, somos dos –dice- y
medita en el poema “Masa” de César Vallejo: “Se le acercaron dos y
repitiéronle: No nos dejes ¡valor! ¡vuelve a la vida! pero el cadáver ¡ay!
Siguió muriendo...”
Empieza su
ascenso a la montaña, aquel gran cerro que tiene el perfil del inca y alberga
gigantescos animales. Al llegar a la cueva del león, son cuatro personas con
las vecinas Miriam Peña de Ica y Victoria Pautre de Chachapoyas. Emocionado y
sorprendido observa el nacimiento simultáneo de dos tortugas, ellas no
necesitan picos ni lampas, curvan la estera en forma de “U” invertida y
comienzan a emparejar la arena con sus manos. -Cuando el 03 de febrero llegamos
de Villa el Salvador, no teníamos más herramientas que nuestras manos, vecino-
comentan agitadas.
A las
siete de la noche llega el primer grupo de visitantes, entre ellos Rodolfo
Ybarra, Ysela y Ricardo Quesada, se alojan en la “Cabaña del arte”. Se encienden
las primeras luces en el cerro ¡bravo, bravo! grita Yerko y sube apresurado el
cerro, está la gente de seguridad ciudadana y la junta directiva del Grupo
Residencial A4, entre la neblina, van llegando en grupos, desde el norte, el
oeste y el sur, es un peregrinaje cultural.
¡Apu
Kon, Apu kon Ticse Wiracocha Pachayachachi, dame tu señal de fuego, gran señor!
Es el primer canto de invocación en la cueva del León, los “Protectores de la
montaña” hacen la cortina musical con timbales, palo de lluvia, maracas y
chacchas. Como maestro de ceremonias da de beber al cerro y luego brinda su
copa con los vecinos apostados entre rocas, tortugas y arena; ellos también
entregan sus ofrendas, galletas, chocolates, frutas y cartas. Yerko, el
guardián de la montaña, inicia su reflexión: “Vecinos y amigos: El grito
latinoamericano de 1910 ¡tierra y libertad! de Emiliano Zapata, resuena a pocos
días de la titulación de nuestras tierras, estamos aquí en la parte más alta de
la ciudad Pachacútec para conmemorar la epopeya por la vida, la posesión de
tierras, la reafirmación de declarar al cerro del inca como patrimonio
ecológico, por la construcción del gran mirador natural y anfiteatro cultural
“todas las sangres” y la celebración del día del poeta, un 15 de Abril partió
nuestro vate César Vallejo”. Se inclina lentamente, recoge un puñado de
arena y lo dispersa hacia el firmamento, mientras repite: Del cielo
desposeído bajaron tortugas/ con caparazones de esteras/ todas las noches
llegaron sin cesar/ y cavaron sus nidos del mar a la montaña/ Algunas
sucumbieron por el fuego/ otras retornaron al océano/ las que sobreviven/ cubren
sus heridas con vendaje azul/Los niños de arena tienen extraños juguetes/ arrean
con palitos grillos arañas/ al interior de las tortugas/Lejos del bullicio
duerme un alacrán albino/ ¡Así comienza la nueva historia! Y la gente
aplaude gratamente sorprendida. Un surquillano, Manuel Roque, ha traido agua
embolsada y tratada, que el ministerio de salud repartía en los días de la
ocupación para evitar epidemias, se les muestra a todos y nuevamente una gran
algarabía, lágrimas emocionadas besan la arena. El secretario general del sector
A, anuncia el oficio de la municipalidad del callao, declarando intangible el
cerro y las demás colinas. Los aplausos no se dejan esperar.
Así
comenzó el segundo “Recital en la montaña”, una aventura cultural que se inició
en el solsticio de invierno del 2001, con visita al mismo lugar en la cueva del
león, pago al cerro y recital poético musical. Allí estuvieron Francisco
Izquierdo, padre e hijo, los poetas Santiago Risso, Petroni, Carlos Bayona y
Rodolfo Ibarra, Margot Palomino, César N y su “Cabaret Fragor” y el mexicano
nahual Sergio Villarreal se encargaron de la parte musical.
A las
doce de la noche, aproximadamente trescientos pobladores habían hecho suyo el
evento, Rodolfo Ibarra e Ysela esperaban en su carpa verde roja el momento de su
intervención, trajeron diapositivas y un proyector de vistas fijas. Los
“protectores de la montaña fueron la revelación musical, el grupo estuvo
integrado por jóvenes, hombres y mujeres del Grupo Residencial A4. Extrañados
los vecinos escucharon los demonios interiores de los poetas Ricardo Quesada y
Jorge Luis Obando, disfrutaron los acordes y carisma bilingüe del “caminante
andino” don Luis Irala, las dulces voces de Dioni “la encantadora de Caujul” y
“mamá Victoria”, todos ellos compositores y vecinos del sector A. Se hicieron
presentes luego Margot Palomino y María Conislla, aclamadas volvieron una y otra
vez al escenario de roca, para sembrar sus cantos hasta el amanecer. Irrumpieron
luego con sus voces poéticas Pedro Rivarola, José Antonio Rodríguez, Marino
López, Gerson paredes y Miriam Palomino, luego ella se animaría a entregar sus
ritmos de boleros y valses de antaño. Juan Benavente, director de los “Viernes
literarios” participó con narrativa y poesía e hizo una donación de textos
previa evaluación de conocimientos y cultura general. Se escucharon testimonios
y canciones de vecinos, hubo baile y festejo general hasta las 6.00 de la
mañana. Los principales momentos fueron registrados por las cámaras de Javier
Vicente, guitarrista del “cabaret fragor” de Cesar N.
Estoy
contento, viejo- le dijo a Yerko, don Máximo, secretario de disciplina y se echó
sobre la estera a contemplar el cielo. En la cima del cerro, entre las estrellas
y el canto de grillos, Yerko hace volar las voces luminosas de
Vallejo, Eguren, Valdelomar, Chiroque y sus amores de abril. En esa montaña, hay
una extraña dimensión mágica del mundo.
Todos
duermen, mientras termino el poema inconcluso: Entonces, todos los hombres de
la tierra/ le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado/ incorporóse
lentamente/ abrazó al primer hombre; echóse a andar...
Ciudad Pachacútec, víspera del 15 de abril
del 2002
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